La preocupación económica está cambiando de eje: mientras la inflación pierde protagonismo, crecen las dudas sobre el empleo, los ingresos y la posibilidad de sostener el nivel de vida. El fenómeno impacta especialmente en los sectores medios, donde comienza a ganar fuerza el temor a un descenso en la escala social.
La economía argentina atraviesa una etapa en la que los avances en materia macroeconómica conviven con dificultades que todavía tienen un fuerte impacto en la vida cotidiana. La menor presión de la inflación y una mayor estabilidad cambiaria son valoradas por una parte de la sociedad, pero esos resultados no necesariamente se traducen en una mejora inmediata de la percepción de los hogares.
El resultado es un clima social marcado por la incertidumbre, la cautela y una creciente preocupación por el futuro. Para muchos hogares, el problema ya no pasa únicamente por poder comprar determinados productos o servicios, sino por conservar las condiciones de vida que tenían antes.
El empleo gana protagonismo entre las preocupaciones
Las mediciones de opinión pública citadas en el análisis muestran que el empleo ganó terreno como una de las principales preocupaciones de los argentinos. Aresco ubica esta cuestión en el 41% de las respuestas, mientras que Synopsis registra un 36%.
El concepto de empleo no se limita al temor a quedar desempleado. También incluye la preocupación por conseguir trabajos con mejores salarios, mantener un puesto registrado, conservar cierta estabilidad y alcanzar ingresos suficientes para afrontar los gastos familiares.
La dificultad aparece también en aquellos hogares donde sus integrantes conservan una fuente laboral, pero necesitan trabajar más horas, sumar empleos o realizar actividades adicionales para mantener un nivel de consumo similar al de años anteriores.
El problema no es solamente tener trabajo
Los datos oficiales citados en el informe permiten observar una transformación en el mercado laboral argentino. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se habrían perdido 241.000 puestos de trabajo formales en el sector privado, con bajas especialmente importantes en la industria y la construcción.
A esa cifra se suman alrededor de 80.000 empleos menos en el sector público y 16.000 en casas particulares. En total, el informe señala una reducción de aproximadamente 337.000 empleos asalariados registrados.
Al mismo tiempo, se registró un crecimiento de los trabajadores que ingresaron bajo la categoría de monotributistas. Según los datos citados, fueron 161.001 los nuevos puestos dentro de esta modalidad.
La combinación de estos indicadores permite poner el foco no solamente en la cantidad de empleos existentes, sino también en qué tipo de trabajos se están generando y bajo qué condiciones.
La informalidad sigue siendo un factor de preocupación
El informe también cita datos del Indec según los cuales, al cierre de 2025, alrededor del 43% de los empleos eran informales.
Esto significa que una persona puede estar trabajando y, sin embargo, no contar con el mismo nivel de estabilidad, previsibilidad y protección laboral que ofrece un empleo registrado.
Para los sectores medios, esta diferencia adquiere especial importancia porque el empleo no representa únicamente una fuente de ingresos. También funciona como una herramienta para planificar gastos, acceder a determinados servicios y sostener expectativas de progreso.
La clase media y el temor al descenso social
El temor a perder posiciones dentro de la estructura social aparece como uno de los principales componentes del actual malestar. La clase media, históricamente asociada con expectativas de progreso, también enfrenta el riesgo percibido de retroceder.
Según las estimaciones presentadas en el material, la clase media baja representa aproximadamente el 26% de las familias argentinas, mientras que otro 30% corresponde a la denominada clase baja superior.
En conjunto, se trata de millones de personas que mantienen expectativas y hábitos asociados a los sectores medios, pero que enfrentan mayores restricciones económicas.
El escenario genera una contradicción: una parte importante de la sociedad puede valorar la estabilidad macroeconómica y, al mismo tiempo, sentirse peor en su economía cotidiana.
La macroeconomía y el bolsillo cotidiano
La estabilización de algunas variables económicas es reconocida como un aspecto positivo. La inflación, aunque continúa presente, dejó de tener el mismo nivel de urgencia que tuvo durante los períodos de mayor aceleración de los precios.
La estabilidad cambiaria también aparece como otro de los elementos considerados favorables. El informe señala que durante julio 1,7 millones de personas compraron cerca de 3.000 millones de dólares netos, de acuerdo con datos publicados por el Banco Central.
Sin embargo, estos indicadores conviven con una realidad diferente en los hogares: el dinero disponible después de afrontar los gastos esenciales resulta insuficiente para muchas familias.
El ingreso disponible perdió capacidad de compra
Uno de los indicadores utilizados para analizar el humor social es el ingreso disponible de los hogares, es decir, el dinero que queda después de pagar los gastos fijos y que puede destinarse a consumos no esenciales.
De acuerdo con estimaciones de Ecolatina citadas en el análisis, este ingreso se redujo en promedio 15% entre 2023 y 2025 y podría volver a caer durante 2026.
El mismo análisis plantea que, si la comparación se realiza con 2017, la capacidad de compra de los hogares podría mostrar una contracción acumulada de alrededor del 37,5% al finalizar 2026.
Estos datos ayudan a explicar por qué una mejora en determinados indicadores macroeconómicos no necesariamente genera una percepción positiva inmediata entre los consumidores.
Cuánto hay que ganar para pertenecer a la clase media
Las estimaciones correspondientes al segundo trimestre de 2026 muestran diferencias importantes entre los distintos niveles socioeconómicos.
| Segmento | Porcentaje de la población | Ingreso mensual neto del hogar |
|---|---|---|
| Clase alta (ABC1) | 5% | $14.000.000 |
| Clase media alta (C2) | 17% | $6.500.000 |
| Clase media baja (C3) | 26% | $3.000.000 |
| Clase baja superior (D1) | 30% | $2.200.000 |
| Clase baja (D2/E) | 22% | $1.000.000 |
Según la misma estimación, el ingreso promedio mensual neto del hogar sería de aproximadamente $9 millones para la clase alta, $4,5 millones para la clase media alta, $2,5 millones para la clase media baja y $1,5 millones para la clase baja superior.
El cuadro también señala una línea de pobreza que alcanza al 22% de los hogares y al 30% de la población.
Una sociedad que no necesariamente quiere volver atrás
El deterioro de las expectativas no implica necesariamente un rechazo al rumbo económico. El análisis sostiene que cerca del 70% de la población no quiere regresar al modelo anterior, aunque una parte de ese grupo reclama modificaciones en el camino elegido.
La diferencia resulta relevante: una cosa es cuestionar determinados resultados económicos y otra distinta es pretender abandonar completamente el proceso de transformación.
El escenario muestra así una sociedad atravesada por una tensión entre la valoración de la estabilidad macroeconómica y la necesidad de obtener mejoras concretas en la economía familiar.
El desafío de sostener las expectativas
La situación plantea un desafío para el Gobierno y para la economía en general. La estabilidad de las variables macroeconómicas puede ser necesaria para consolidar un proceso de recuperación, pero no garantiza por sí sola una mejora inmediata en los ingresos, el empleo o el consumo.
Para los hogares que ya atravesaron varios años de pérdida de poder adquisitivo, el tiempo adquiere un peso determinante. La expectativa de una mejora futura puede sostenerse durante un período, pero cuanto más demora en aparecer en la vida cotidiana, mayor es el riesgo de que aumenten la frustración y la incertidumbre.
En ese contexto, el empleo, la calidad de los puestos de trabajo y la capacidad de los hogares para recuperar ingresos aparecen como algunos de los principales indicadores a observar durante los próximos meses.
Fuente: datos y estimaciones citados en el informe original, con referencias a Indec, Banco Central, Ecolatina, Aresco, Synopsis, SIPA y Consultora W.


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